Agiten alguno de ellos con su voz y reúnan contra ellos su caballería y su infantería y compartan con ellos en sus hijos y sus riquezas y hagan promesas! La promesa de Satanás es simplemente ilusión. Hay un sutil riesgo que aleja a la multitud de la religión, les impide someterse a Alá (Dios) como su Señor, y en más reciente instancia trae muchas otras maneras de angustia y angustia sobre ellos. Este riesgo se puede admitir en muchas superficies diferentes de nuestras vidas: el puño apretado de un fascista, el himno de un comunista, o en las expresiones de una carta redactada por un joven expresando su amor a su individuo cercano. Todos emergen de la misma fuente perniciosa. El aspecto más alarmante de este riesgo es que un número abrumador de personas no lo ven como un riesgo en absoluto, ni descubren de que de todos modos es un estado de arrojo totalmente opuesto a la religión. De hecho, varios lo ven, no como un error arriesgado, sino más bien como una virtud que debe ser fomentada y extensamente propagada. Este riesgo del que hablamos es el sentimentalismo que transporta a la gente a vivir, no según su razón, sino según sus emociones; oséa, según sus deseos, odios, su susceptibilidad a la tentación y su terquedad. El sentimentalismo se convirtió en parte de una cultura de la ignorancia que ha bajo la influencia a miles de individuos a nivel mundial. De hecho, se encuentra dentro de las armas que utiliza Satanás para desviar a la multitud de continuar el sendero de Alá, porque alguien que cayó en las garras del sentimentalismo pierde la capacidad de utilizar su razón. Y, cuando no puede utilizar su razón, no puede ver visto que Alá lo creó, ni puede llegar a admitir Sus signos y fines, ni puede vivir según las verdades sublimes de la religión. Una vida vivida precisamente es dependiente del uso de la causa, porque Alá envió a los qu’ ran “para que los hombres comprensivos reflexionen sobre sus signos y presten atención”. Más exactamente, si no se habla, la patología del sentimentalismo hace irrealizable que un individuo entienda o experimente la religión en su sentido real. Además, a menos que se le trate, la patología del sentimentalismo va a hacer irrealizable terminar a las inútiles discusiones, el padecimiento sin sentido, los asaltos, la angustia y la crueldad que la gente se infligen a sí mismas en este planeta. El romanticismo se encuentra dentro de los resultados del sentimentalismo que se sabe como romance o movimiento romántico del siglo XIX, pero además de estas formas, el romanticismo además está íntimamente relacionado con algunos sentimientos políticos. Entre ellos recalca el “nacionalismo romántico”, que nació a finales del siglo XIX y ejerció una enorme predominación en el planeta hasta mediados del siglo XX. Primero, hay que decir precisamente que nuestra crítica no es contra el nacionalismo per se, sino contra el “nacionalismo romántico”. Hay una enorme distingue entre los dos. Esos que niegan llenaron sus corazones de furia fanática -la furia fanática del Tiempo de la Ignorancia- y Allah envió tranquilidad a Su Mensajero y a los creyentes, y los ató a la expresión de la atención que poseían más derecho y más derecho a recibir. Alá tiene conocimiento de todas las cosas. El nacionalismo, en el sentido más habitual del término, tiene relación al amor de un sujeto por su pueblo y por su país. Este es un sentimiento bueno y totalmente legítimo. Ya que no va en oposición a la religión, no posee efectos dañinos para la raza humana. De esta forma como el cariño de un sujeto por su madre o padre es un sentimiento legítimo, de esta forma además lo es el cariño por la nación, que lo nutre en una fe y cultura habitual, un sentimiento legítimo. Los sentimientos nacionalistas se vuelven ilegítimos cuando se vuelven irracionales o excesivamente interesados. Si un individuo, por amor a su país, empieza, sin justificación, a albergar sentimientos de hostilidad hacia otra nación, o pisotea los derechos