¿Qué haces cuando eres el Salvador del Mundo, te queda un algo más de una semana para impartir tu mensaje a tus discípulos y aún tienes que llevar a cabo el viaje a Jerusalén para festejar la Pascua? Si eres Jesús de Nazaret, un rabino y predicador itinerante, se ve que sigues ocupándote de tus asuntos, aunque sepas que estás próximo de enfrentarte a tu propia muerte. En nuestro calendario llega el Domingo de Ramos este domingo. Para Jesús y sus discípulos, el viaje de Jesús a Jerusalén marcó el regreso a una localidad que había tratado de apedrear a Jesús antes en su ministerio. Los 12 más cercanos a Jesús tuvieron fuertes recuerdos para ese tiempo. Este lugar asustó a los discípulos hasta el punto de cuestionar la intención de Jesús de volver a Betania, fuera de la región, para conocer a Lázaro, María y Marta para resucitar a Lázaro de entre los muertos. Todos habían sobrevivido a esa visita, Lázaro fue devuelto a la vida, sus hermanas agradecieron a Jesús por socorrer a su hermano, pero la intención de los dirigentes religiosos se había despertado más mal. Jerusalén poseía un enorme concepto espiritual, pero además profundas rivalidades reglas y el temor de que cada Pascua sólo recordaría al pueblo judío una independencia de esclavitud que jamás más volvería a manifestarse. Una cantidad enorme de peregrinos judíos se dirigían a la localidad para pasar las vacaciones. El sendero habría sido caluroso y polvoriento, un viaje extenuante en el más destacable de las situaciones. La obra de Jesús con los 12 se encontraba terminada cuando viajaban hacia la Localidad de Jerusalén, pero Su sentido de urgencia al llevar a cabo entender a sus discípulos en qué estaban próximo de ingresar se encontraba claro para Él, si no para ellos. “Y ellos estaban en el sendero, subiendo a Jerusalén, y Jesús iba enfrente de ellos; y estaban asombrados, y los que los seguían poseían miedo. Y tomando a los 12 otra vez, empezó a decirles lo que le iba a ocurrir, diciendo:” Aquí hay que ascendemos a Jerusalén; y el Hijo del hombre va a ser entregado a los príncipes de los curas y a los redactes, y ellos lo condenarán a muerte, y lo entregarán a los gentiles; y ellos se burlarán de él, y le escupirán, y lo azotarán, y lo matarán, y luego de tres días resucitarán (Marcos 10:32). Mientras todos ellos siguen caminando, sólo Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, vienen a Jesús para pedirle posiciones de liderazgo como sus socios más cercanos cuando él entra en su gloria. “Jesús les dijo:’ No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber el cáliz que yo bebo, o ser bautizados con el bautismo con que yo soy bautizado (Marcos 10:38)?” Los dos hombres le afirman a Jesús que tienen la posibilidad de realizar estas obligaciones, pero Jesús les dice que no puede prometerles ningún tipo de puestos permanentes a su lado porque esos sitios están preparados por alguien más. Luego en su viaje Jesús se detiene para contribuir a Bartimeo, un compañero de viaje en el lado del sendero intentando encontrar una limosna que en lugar de eso recibe sanación y una exclusiva forma de vida como fan de Jesús. Lo ordinario y lo increíble aparentaba haberse fusionado para los discípulos. ¿Era tan habitual ser parte de la vida de Jesús que por el momento no escuchaban Sus expresiones o sus implicaciones? ¿Si las sanaciones hubieran llegado a ser tan usuales que los discípulos asumieran que unos pocos pasarían todos los días? Quizás los más cercanos a Jesús estaban acostumbrados a su lengua, conscientes del riesgo en el que siempre estaban, pero además atrapados en el secreto y el poder de esta celebridad del primer siglo con la que se habían alineado. Quizás además estaban cansados y temerosos de que si escuchaban bastante más de cerca lo que Jesús decía, estarían bastante asustados como para continuar adelante. Irónico, entonces, que los dos únicos que hablaron a Jesús luego de escuchar Sus expresiones proféticas profundas de lo que los días venideros sostendrían, eligieron debatir su lugar con Jesús luego de que se hiciera todo el caos. Las peleas entre los 12 por el puesto en el reino de Jesús les alcanzarían ocasionalmente en la mesa del Séder después en la semana.comunmente me hago una pregunta qué pensaba Jesús cuando bajaba la cabeza para reposar aquella noche. ¿Los discípulos

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