El inconveniente que toda religión, psicología y espiritualidad están intentando de solucionar por Bill Cottringer “Si todos confesáramos nuestros errores los unos a los otros nos reiríamos el uno del otro por nuestra falta de singularidad.” ~Kahlil Gabran. Hay una enorme “metáfora del elefante” en la salón de estar de la vida, que cuando no se relata, nos impide a todos presenciar nuestro potencial terminado de estudiar, crecer y hacer mejor en nuestro mejor ser. Esta “metáfora del elefante” es nuestra vaga imagen personal de lo que está fundamentalmente “mal” -o cuál es el inconveniente principal- que está en el sendero de llegar a donde deseamos llegar con nuestros esfuerzos para llegar ahí. El más grande inconveniente es ver este inconveniente como plural, lo cual es muy natural, en lugar de ser singular y habitual para todos nosotros. ¿Por qué es tan complicado comentar de este elefante en la cuarto? Por numerosas buenas causas. En la evolución habitual de nuestro pensamiento, tendemos primero a diseccionar las cosas además y a ver sus muchas diferencias que se vuelven irritantes y ocasionalmente al enemigo que requiere ser derrotado. El inconveniente con esta clase de pensamiento, es que sólo representa media verdad sobre lo que nos encontramos realizando al intentar llegar a donde deseamos estar. La otra mitad de este viaje radica en volver a agrupar las cosas, acordarse y ver su singular comúnidad, unidad e integridad, porque esa es la exclusiva forma de tener triunfo en llegar a la misión. Los varios inconvenientes y obstáculos en nuestro sendero se han multiplicado 1000 ocasiones desde su comienzo metafórico original en el Jardín del Edén. Y en ese entonces, sólo había un solo pecado que de alguna forma se traducía erróneamente en una biblioteca de “pecados”, cada uno con su grupo de connotaciones buenas y malas. Conocer el pecado original es un desarrollo muy retardado y lamentable en el desarrollo humano porque está envuelto en metáforas muy capaces con juicios muy fuertes sobre el bien y el mal y lo que cada uno puede significar para la eternidad. ¡Eso es un asunto serio! Para llegar al significado real de nuestro inconveniente humano central debemos suspender los juicios dicotómicos típicos buenos vs. pésimos vs. pésimos vs. equivocados que esconden la realidad sobre lo que nos impide llegar a donde deseamos llegar; tener triunfo y ser contentos en la superación del inconveniente primordial que nos impide tener triunfo genuino y ser auténticamente contentos. Este inconveniente primordial fué llamado varias cosas, pero todas ellas representan una “fáctica primordial en nuestro ser”, causada y resultando en un sentido todavía más fuerte de un yo separado además de todo lo demás en la vida que irónicamente es nuestro obsequio y maldición, en relación de en qué mitad de la vida nos encontramos haciendo un trabajo. Esta “grieta en el huevo cósmico”, como la llamaban los primeros escritores filosóficos del potencial humano, tiene bastantes indicios que todos luchamos: – Un insoportable sentido de incompletitud, vacío, alienación y no pertenencia, que deseamos desesperadamente arreglar. Falta de seguridad elemental y seguridad en la amabilidad más reciente de la vida, dando paso a la seguridad excesiva y al orgullo egoísta de ser exitosos en llevarlo a cabo a nuestra forma ganadora. Prevalencia del escepticismo de toda sospecha enserio que no posee pruebas confiables, en pos de opciones personales y situacionales. Un apuro en el que nos observamos obligados a dejar proceder a la fe de que algo es o no es, o que continuar intentando encontrar no merece invertir por causas prácticas. Por supuesto, la religión, la psicología y la espiritualidad hicieron enormes progresos en contribuir a la multitud a abarcar esta fractura primordial del ser y a llevar a cabo algo sobre esto. Pero el avance real en la superación de este obstáculo formidable para el desarrollo y la optimización personal, se apoya en la acumulación de suficientes fracasos lacerantes para aceptar la realidad de que uno no puede recomponer la fractura con el mismo tipo de pensamiento -cargado de orgullo y egocentrismo- que lo desarrolló. Y ese desarrollo empieza con el desmontaje de las muchas capas de juicios morales de “bien” y “mal” que fuimos agregados improductivamente por todos nosotros colectivamente para contemplar la verídica naturaleza de la fractura de la visión

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