En mi línea de trabajo hay comunmente una obsesión malsana con el criterio del mal. Se ve que sencillamente no somos capaces de librarnos de esta “cosa” que se ve que poseemos para el coco (aquí en mi país popular como el tokoloshe). Justo el otro día se encontraba oyendo a un psicológico de la radio asustando a las luces vivientes de su confiada llamada. Ella sólo pretendía ciertos avisos expertos, pero en lugar de eso él se encontraba empeñado en convencerla de que su casa se encontraba infestada de entidades malvadas. Su encantador co-anfitrión además se lanzó a prestar curas a algunas viejas para liberarse de todas las fuerzas demoníacas. La realidad sea dicho, el exclusivo disturbio que yo se encontraba recogiendo encendido era visto que la pobre, la mujer asustada hacia fuera no conseguiría bastante sueño por semanas! No me malinterpretes. La pelea entre el bien y el mal es muy, muy real. Es un ingrediente primordial de la condición humana. Es además la base de toda la Creación. Aparece de la dualidad que está en cada aspecto considerable de nuestro Universo en expansión: oscuridad versus luz, vida versus muerte, noche versus día. La luz requiere la existencia de las tinieblas para ser realmente aparente y importante. La coexistencia del bien y el mal es además la base de un conflicto de adentro que todos nosotros debe solucionar en esta vida. Es parte de la causa por la que nos encontramos aquí. Tanto el bien como el mal sirven, entonces, a un objetivo en el enorme esquema de las cosas. No existe duda de eso. Pero culpar al reino espiritual por las tinieblas de los hombres es mi iniciativa de herejía y blasfemia. Nuestra morbosa fascinación por todas las cosas oscuras es tan vieja como las lomas, pero todavía es muy estricta. Sólo visto que los psíquicos y médiums sigan siendo acusados de llevar a cabo el trabajo del diablo es prueba bastante en sí mismo. En varios círculos religiosos, el fuego y azufre todavía es la tendencia más alta. Sin nombrar las últimas profecías del día del juicio final de 2012, las teorías de conspiración y las visiones apocalípticas de las fuerzas del mal, los extraterrestres encubiertos y las sociedades secretas; todo lo mencionado se extendió con entusiasmo de parte de los traficantes de miedos, los doctores y los hombres de negocios sociales. Pero esos son los tipos más obvios de manía maligna. Lo que verdaderamente me llama la atención de nuestra obsesión con todo lo que está mal es que no es algo que sólo está en iglesias habituales o círculos conservadores. No, varias personas realmente dotadas, espiritualmente conscientes y enormemente intuitivas, con las que comparto muchas creencias y bendiciones, además son fans de hallar espíritus malvados, maldiciones y entidades oscuras debajo de sus camas, dentro de sus armarios… y en el fondo de los bolsos y billeteras de sus usuarios. Ayer me llamó un cliente espectacular, devastado y llorando. Fué persuadida por una amiga bien intencionada de “probar” a otro psicológico que ella conoce… sólo por distracción. El autoproclamado “asesor espiritual” tuvo un día de campo en el que se predijo la perdición y la tristeza de su de hoy relación y se le avisó que otra mujer se encontraba realizando magia para quitar a su hombre. Además se ofertó a llevar a cabo trabajo de hechicería para arreglar el inconveniente, ¡por $400! Hasta entonces, la vida amorosa de mi cliente está muy bien encaminada y son una pareja muy feliz. ¿Cómo se atreve alguien a meterse con las vidas de los otros por pura avaricia? Verdaderamente me repugna. Que Dios se apiade de su alma. Es intensamente decepcionante que varios que distribuyen la conciencia colectiva simulen estar obsesionados con las entidades malignas y las fuerzas oscuras en todo momento. De hecho, están tan ocupados realizando esto que solamente les queda tiempo o energía para ser co-creadores en nuestra evolución espiritual. Parecen pasar por prominente el punto de que el mal hablamos de regresión, devastación y retroceso en el pasado. El mal es la antítesis de la construcción y de la propagación, y parecen olvidar que en lo que se enfocan, lastimosamente, se convierten en su situación. La “batalla” entre el bien y el mal se ha librado de una manera u otra desde los tiempos de la cultura. Es un arquetipo obsoleto que se encuentra dentro de los temas más reconocibles en la literatura y las artes. Afrontémoslo;’ los buenos contra los malos’ son las cosas de las que están hechos los éxitos de taquilla y los best-sellers. Sospecho que por eso

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